El congreso llegaba a su fin pero aún se reservaba algo para el final. El hemiciclo probablemente habría conocido mayores aforos, el silencio no era absoluto, la anterior comunicación había levantado un rosario de murmullos en la amplia sala.
Una pequeña figura se acercó al atril, agrandandose a cada paso. Llegó a su destino, levantó la cara, iluminada por los focos y segura de si misma, comenzó su disertación.
La voz era suave y modulada, pero firme y muy clara en la exposición. Poco a poco, aquella vocecilla se ganó merecidamente la atención de los rostros de allá abajo. Hubiera sido imposible que fuera de otra manera. Las palabras surjían y volaban fluidamente por el aire. A veces, siendo tajantes conceptos que no admitían duda. En otras ocasiones, apoyandose en la naturalidad de los gestos de las manos, subrayando la importancia de la idea.
La trampa estaba tendida y todos los presentes, sin excepción de amigos, jefes o desconocidos totales; fueron arrastrados a la red que les impidió recobrar el control de su atención hasta que el gran salón quedó completamente en silencio. Un silencio que tras un leve instante fue roto por un "plas" y luego por otro y varios más que se unieron en una pequeña sinfonía.
Alguien que nunca dice nada en valde, ha dicho de ella "habla poco, pero cuando lo hace todo el mundo escucha". Es así, pero no es sólo eso. Quienes la conocemos sabemos que ese silencio lo ha ganado su constancia, su trabajo y su claridad de ideas. Y sabíamos cual iba a ser el final de la historia; aunque no estuvieramos allí para verlo. Felicidades congresista.