Era final de Junio y ya apretaba el calor. El curso había sido mejor de lo que esperaba, dado lo árido del tema.
Ya sólo restaba hacer ese pequeño trabajillo. "Hacedlo lo antes posible para tener fresco lo que habéis aprendido",dijo el hombrecillo metodológico. Y a mi mente acudió automaticamente el refrán: no dejes para hoy lo que puedas hacer mañana... ó en Agosto, digamos.
El caso es que desde entonces, me han hecho la zancadilla los viajes, cenas, playas, soles y moragas del verano. Como de vacaciones, pero sin estarlo.
Y aquí estoy, como un memo delante del ordenador. En mis días libres porque me quedo sin tiempo para la entrega y echando más horas que un reloj.
¿Moraleja? Pues yo no la veo por ningún sitio, pero se admiten propuestas.